OLA DE CALOR en el camino. Qué hacer cuando el calor aprieta.
Qué hacer cuando aprieta el calor en el Camino de Santiago (y seguir disfrutándolo)
Hay una idea bastante extendida sobre el Camino del Norte: como está cerca del mar, siempre hace temperatura perfecta.
Y bueno.
No exactamente.
Hay días suaves, sí. Pero también aparecen jornadas de sol fuerte, humedad y esa sensación de que la mochila pesa de repente el doble aunque nadie haya metido piedras dentro.
La buena noticia es que el calor no tiene por qué arruinar una etapa.
La menos buena es que improvisar suele funcionar regular.
Salir antes casi siempre gana
Este consejo no es revolucionario, pero funciona.
Cuando se prevé calor, adelantar una hora la salida cambia bastante el día.
Las primeras horas suelen ser más agradables y permiten avanzar más sin gastar tanta energía.
Además tiene otra ventaja: llegar antes deja tiempo para descansar, comer tranquilo o simplemente no hacer nada, que también es una actividad muy respetable después de caminar.
Beber agua… antes de tener sed
La sed llega tarde.
Cuando aparece de verdad, normalmente el cuerpo ya lleva un rato pidiendo ayuda de forma educada.
No hace falta obsesionarse ni caminar con un depósito de emergencia encima, pero sí acostumbrarse a beber con cierta frecuencia.
Una idea sencilla:
- pequeños tragos
- más frecuencia
- rellenar cuando haya oportunidad
Y un detalle que mucha gente nota rápido: alternar solo agua durante días tampoco siempre sienta genial.
Comer normal ayuda más de lo que parece.
Revisar expectativas (y el orgullo)
Hay etapas donde uno había imaginado hacer muchos kilómetros.
Y luego llega el calor y negocia.
Cambiar el plan no significa hacerlo peor.
Parar más.
Tomar sombra.
Acortar.
Todo eso sigue entrando dentro del Camino.
De hecho, uno de los descubrimientos habituales es que las etapas que parecían “menos productivas” luego se recuerdan bastante bien.
Buscar sombra no cuenta como rendirse
Hay una pequeña tendencia peregrina a pensar:
“ya pararé más adelante”.
Y media hora después uno está buscando desesperadamente cualquier árbol que mida más de un metro.
Mejor parar antes.
Un banco.
Una terraza.
Una sombra.
Un rato.
No hay premio por llegar agotado.
La ropa ayuda más de lo que parece
No hace falta convertir la mochila en una tienda de deporte ambulante.
Pero sí merece la pena pensar en:
- ropa transpirable
- gorra o protección para el sol
- gafas de sol si se usan normalmente
- algo ligero para cubrirse
Y aquí una pequeña decepción universal:
La camiseta negra queda estupenda… hasta las dos de la tarde.
Comer también cambia
Cuando hace calor, muchas personas descubren que no les apetece comer como otros días.
Y está bien.
A veces funcionan mejor:
- fruta
- comidas más ligeras
- platos sencillos
- cenas menos pesadas
Ya habrá tiempo para homenajes gastronómicos.
El objetivo no es aguantar. Es disfrutar el camino
El calor pasa.
La etapa termina.
Y normalmente lo que queda luego no es el número exacto de kilómetros.
Es recordar aquel café frío, aquella parada inesperada o ese momento en que alguien dijo:
“cinco minutos más…”
Y acabaron siendo veinte.






