Camino del norte en otoño: lo que debes saber antes de empezar
Hacer el Camino del Norte en otoño tiene algo especial.
Los días son más cortos, hay menos gente, el paisaje empieza a cambiar de color y caminar por la costa cuando termina el verano tiene un encanto difícil de explicar.
También tiene una pequeña contrapartida: el norte en otoño exige venir preparado.
No hace falta organizar una expedición al Himalaya. Pero sí asumir que en una misma etapa puedes encontrarte fresco por la mañana, algo de sol al mediodía y lluvia unas horas después.
La lluvia forma parte del plan
Si vas a hacer el Camino del Norte en otoño, el impermeable no debería estar en la categoría de “por si acaso”.
Mejor ponerlo directamente en la de imprescindibles.
Un buen chubasquero o poncho y protección para la mochila pueden cambiar bastante una jornada. También conviene llevar ropa que se seque rápido: pocas cosas resultan menos apetecibles que ponerse por la mañana una camiseta que todavía conserva recuerdos de la lluvia del día anterior.
Y un consejo sencillo: guarda siempre alguna prenda seca para cuando termine la etapa.
Tu yo de las seis de la tarde lo agradecerá.
Vestirse por capas funciona
Las temperaturas pueden variar bastante a lo largo del día, así que es más práctico llevar varias capas ligeras que una única prenda muy gruesa.
Camiseta, una capa de abrigo ligera y protección contra lluvia y viento permiten ir adaptándose.
Porque salir del albergue vestido para cinco grados y descubrir una hora después que ha salido el sol también es bastante Camino.
Los días empiezan a ser más cortos
En verano parece que siempre queda tiempo.
En otoño, bastante menos.
Conviene tenerlo en cuenta al calcular las etapas y no confiar demasiado en ese optimista “ya llegaremos”.
Planificar bien la hora de salida, consultar la previsión meteorológica y saber aproximadamente cuánto tiempo llevará la etapa ayuda a caminar con mucha más tranquilidad.
Revisa los alojamientos antes de salir
En temporada alta es fácil dar por hecho que encontraremos servicios y alojamientos abiertos durante todo el recorrido.
En otoño no siempre es así.
Algunos establecimientos son estacionales y reducen sus fechas u horarios de apertura cuando termina el verano. Por eso merece la pena comprobar cada etapa con cierta antelación y, especialmente si vas a llegar tarde, confirmar directamente con el alojamiento.
La improvisación tiene mucho encanto hasta que uno descubre que el lugar donde pensaba dormir está cerrado.
Cuida especialmente los pies
Lluvia, barro y humedad pueden convertirse en una combinación poco amable para los pies.
Un calzado adecuado y ya utilizado antes del viaje es fundamental. El Camino no es el mejor lugar para estrenar esas botas estupendas que todavía huelen a tienda.
También conviene llevar calcetines de recambio accesibles durante la etapa.
Si los pies se mojan, poder cambiarlos puede marcar una diferencia enorme en los kilómetros que quedan.
¿Y entonces merece la pena hacer el Camino del Norte en otoño?
Muchísimo.
Hay menos saturación que en pleno verano, los paisajes cambian, los bosques empiezan a teñirse de otoño y muchos tramos recuperan una tranquilidad que encaja especialmente bien con la experiencia de caminar.
Eso sí: venir preparado permite disfrutarlo mucho más.
El Camino del Norte no necesita cielo azul para ser bonito.
A veces una mañana de niebla, un camino entre árboles mojados o llegar a Ribadeo después de una jornada gris terminan convirtiéndose precisamente en las imágenes que uno recuerda al volver a casa.
Y cuando termina la etapa, ropa seca, ducha caliente y descanso.
Eso también forma parte del Camino.








