¿Cuánto debe pesar la mochila para hacer el Camino de Santiago?
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Preparar la mochila para el Camino suele empezar de una forma bastante razonable.
Dos camisetas. Un pantalón. Ropa interior. Neceser.
Y entonces aparecen los “por si acaso”.
Otro jersey por si hace frío. Un pantalón extra por si llueve. Un libro por si apetece leer. Un segundo par de zapatillas. Algo para picar. Un cargador. Otro cargador. Ese bote de champú que tampoco pesa tanto…
Hasta que te pones la mochila.
Y sí: pesa tanto.
La famosa regla del 10 %
Una de las recomendaciones más extendidas es que la mochila cargada no supere aproximadamente el
10 % de tu peso corporal.
Es decir, para una persona de 60 kg estaríamos hablando de unos 6 kg; para una de 70 kg, alrededor de
7 kg.
No es una fórmula matemática que sirva exactamente igual para todo el mundo. Influyen la condición física, la experiencia, el tipo de mochila o la época del año.
Pero como referencia para empezar a eliminar cosas resulta bastante útil.
Porque 200 gramos parecen poquísimo en casa.
Después de veinte kilómetros empiezan a adquirir personalidad.
Lo importante no es solo cuánto pesa
Una mochila ligera pero mal ajustada también puede resultar incómoda.
Debe adaptarse bien a la espalda y contar con un buen sistema de sujeción, especialmente en la zona de las caderas. Además, conviene distribuir el contenido para que el peso quede equilibrado y colocar los objetos más pesados cerca de la espalda.
Y antes de empezar el Camino, pruébala cargada.
Camina con ella.
Sube alguna cuesta.
Descubre ahora qué correa te molesta y no cuando estés a mitad de una etapa.
Ropa: necesitas bastante menos de lo que crees
El Camino tiene una particularidad que simplifica mucho la mochila: puedes lavar.
Por eso no necesitas una camiseta limpia para cada día del viaje.
La ropa ligera, transpirable y de secado rápido permite llevar pocas prendas e ir lavándolas durante el recorrido.
Como orientación:
- 2 o 3 camisetas
- 2 pantalones
- 2 o 3 mudas
- 2 o 3 pares de calcetines
- una prenda de abrigo
- protección para la lluvia
- ropa cómoda para descansar
- chanclas para la ducha
La cantidad exacta dependerá de la época del año, pero el principio es sencillo: llevar prendas que puedan combinarse, lavarse y volver a utilizarse.
Los “por si acaso” son los que llenan la mochila
Antes de cerrar la mochila, extiende todo lo que piensas llevar encima de la cama.
Ahora mira cada objeto y pregúntate:
¿Voy a utilizarlo de verdad?
No “¿podría llegar a utilizarlo?”.
Porque poder, podrías necesitar casi cualquier cosa.
En el Camino pasarás por pueblos, farmacias, supermercados y tiendas. Si surge una necesidad real, muchas cosas pueden comprarse durante el recorrido.
No necesitas salir de casa preparado para todas las eventualidades posibles.
Hay cosas en las que no merece la pena ahorrar peso
Tampoco se trata de convertir el Camino en un concurso de ultraligeros.
Protección para la lluvia, agua, documentación, medicación personal, algo básico para cuidar los pies o la ropa necesaria para las condiciones previstas no son caprichos.
El objetivo es eliminar lo innecesario, no lo necesario.
Haz una última prueba
Cuando creas que la mochila está terminada, pésala.
Y después vuelve a abrirla.
Casi siempre aparece algo que puede quedarse en casa.
El Camino tiene una forma bastante eficaz de enseñar que necesitamos menos cosas de las que pensamos.
Y probablemente sea mejor aprenderlo antes de salir que descubrirlo cargando ocho kilos cuesta arriba.








