LOS ERRORES MÁS COMUNES DEL PEREGRINO NOVATO
Nadie nace sabiendo hacer el Camino.
Y por mucho que hayas leído, preguntado y preparado la mochila con semanas de antelación, hay cosas que solo se aprenden cuando empiezas a caminar.
La buena noticia es que muchos de los errores más habituales del primer Camino se pueden evitar fácilmente.
Estrenar calzado
Probablemente sea el clásico entre los clásicos.
Comprarse unas botas estupendas justo antes de salir y confiar en que serán estupendas también después de veinte kilómetros.
El calzado del Camino debe estar probado. No basta con haber dado una vuelta con él por el barrio: conviene haber hecho caminatas largas y comprobar que no roza, aprieta o molesta cuando llevas varias horas andando.
Tus pies van a hacer buena parte del trabajo. Mejor que no conozcan sus zapatos el primer día.
Llevar demasiadas cosas
Ya hemos hablado de ello en este blog, pero merece repetirlo porque es uno de los errores más frecuentes.
La mochila se llena muy fácilmente de “por si acaso”.
Y todos esos pequeños objetos que individualmente no pesan nada terminan pesando bastante cuando se suman.
Antes de salir, revisa el contenido y pregúntate qué vas a utilizar realmente. En el Camino encontrarás supermercados, farmacias y otros establecimientos donde comprar algo si finalmente lo necesitas.
Empezar demasiado fuerte
El primer día estás descansado, motivado y con ganas de empezar.
Y eso puede llevar a plantear una etapa demasiado larga o a caminar a un ritmo que tu cuerpo no está acostumbrado a mantener durante horas.
El Camino no se decide en la primera etapa.
Es mejor empezar con cierta prudencia, encontrar tu propio ritmo y observar cómo responde el cuerpo. Si después puedes hacer más kilómetros cómodamente, ya habrá tiempo.
Ignorar una pequeña molestia
Una rozadura que empieza a notarse, un calcetín que se ha arrugado o una piedrecita dentro del zapato parecen poca cosa.
Hasta que llevas caminando una hora más.
Parar dos minutos para revisar el pie puede evitar una ampolla que te acompañe durante varios días.
En el Camino, atender las pequeñas molestias pronto suele ser una buena inversión.
No mirar la previsión meteorológica
Especialmente en el Camino del Norte.
Que por la mañana haya un cielo azul estupendo no significa necesariamente que vaya a seguir así durante toda la jornada.
Consultar la previsión antes de salir permite decidir qué llevar más accesible, proteger bien el contenido de la mochila o incluso adaptar la etapa si se espera mal tiempo.
Y el impermeable funciona mucho mejor encima que guardado en el fondo de la mochila.
Obsesionarse con cumplir el plan
Has preparado las etapas en casa.
Día 1, tantos kilómetros. Día 2, tantos. Día 3, llegada a determinado pueblo.
Perfecto.
Hasta que aparece el cansancio, hace peor tiempo del esperado, conoces a alguien con quien quieres seguir caminando o simplemente descubres que hoy te apetece parar antes.
El itinerario es una guía, no un contrato.
Modificar una etapa, descansar o cambiar un plan no significa estar haciendo peor el Camino.
Compararte con otros peregrinos
Siempre aparecerá alguien que camina más rápido, hace más kilómetros, lleva una mochila diminuta o parece subir las cuestas sin esfuerzo.
Déjale.
Cada persona llega al Camino con una edad, una preparación y unas circunstancias distintas.
Encontrar un ritmo que puedas mantener cómodamente suele ser mucho más importante que intentar seguir el de otra persona.
Querer tenerlo todo controlado
Preparar bien el Camino ayuda muchísimo.
Pero también conviene dejarle un pequeño espacio a la improvisación.
Habrá etapas que salgan exactamente como imaginabas y otras que no se parecerán en nada.
Y curiosamente, algunas de estas últimas terminan siendo las que más se recuerdan.
Así que prepara el calzado, aligera la mochila, consulta el tiempo y organiza tus etapas.
El resto, poco a poco.
Para eso precisamente está el Camino.








